Uri Poliavich
Líderes Empresariales · Filántropo · Empresario

Uri Poliavich
Uri Poliavich es un empresario, filántropo y fundador de Soft2Bet, un proveedor de soluciones llave-en-mano para el sector gaming. Cuenta con más de 13 años de experiencia en liderazgo dentro del entretenimiento online. Es principalmente conocido como fundador de Soft2Bet, una empresa tecnológica. Su trayectoria profesional abarca el desarrollo internacional de negocios, planificación estratégica y gestión operativa. Su enfoque se centra en las personas, el producto y la visión a largo plazo, más que en declaraciones públicas.
Fuera del ámbito empresarial, Uri es reconocido como un pensador y filántropo comprometido, que apoya activamente iniciativas educativas y proyectos comunitarios. Los líderes del sector destacan que su enfoque combina visión con liderazgo práctico, fomentando ideas audaces sin perder el sentido de la responsabilidad, el perfeccionismo y la capacidad de escucha — características que unen a los equipos, impulsan la expresión de ideas atrevidas y las convierten en realidad. Su método integra innovación con responsabilidad social y una orientación hacia un impacto sostenible.
Nombre
Uri Poliavich
Roles
Empresario · Inversor · Filántropo
Fecha de Nacimiento
1981
Posición
Fundador de Soft2Bet
Origen
Ucrania
Contacto
Hitos
1981
Uri nació en la Ucrania Soviética
aprox. 1995
Se trasladó a Israel con su familia, donde terminó sus estudios y cumplió el servicio militar obligatorio de tres años.
2007–2010
Pasantía legal en HBW Law, especializada en transacciones internacionales de fusiones y adquisiciones (M&A) y bienes raíces. Esta valiosa experiencia en derecho y negocios, obtenida al inicio de su carrera profesional, fue crucial para sus futuras iniciativas empresariales.
2010–2012
Vicepresidente de Desarrollo de Negocio en WK Group, gestionando operaciones en Asia Central y colaborando con actores clave de la industria iGaming.
2013–2015
Participó en diversos proyectos empresariales
2016
Fundó Soft2Bet; según la página web de la empresa, el proyecto comenzó como una iniciativa tecnológica que rápidamente se expandió y se consolidó a nivel internacional, obteniendo diversas licencias y desarrollando soluciones para plataformas.
2020
Fundó la Fundación Yael
2024
Fundó Soft2Bet Invest

Premios & Logros
Reconocimiento
Septiembre 2024
Reconocido como Líder del Año en los SBC Awards
Diciembre 2024
Incluido en la lista de los 50 judíos más influyentes publicada por The Jerusalem Post
Febrero 2025
Recibió el título de Ejecutivo del Año en los Global Gaming Awards EMEA.
Mayo 2025
Posición #6 en el TOP 100 de las personas más influyentes en iGaming
Líder
Colegas y socios de Uri destacan que, como buen líder, es capaz de perseverar y transmitir con claridad el mensaje de innovación y colaboración, asegurando que cualquier organización pueda alcanzar un éxito duradero.
Innovador
Sigue de manera sistemática las tendencias emergentes e implementa nuevas tecnologías, incluyendo la personalización, la inteligencia artificial y las preferencias de contenido, para mejorar la calidad del producto y la experiencia del usuario; con un enfoque en el impacto sostenible y a largo plazo.
Líder de Opinión
Contribuye a la industria mediante contenido educativo sobre juegos casuales y tendencias sociales que unen a los jugadores y crean un nuevo nivel de entretenimiento.
Filántropo
“Desde el momento en que el negocio alcanzó el punto de equilibrio, la idea fue crear algo que permitiera a otros niños sentir que forman parte de la comunidad judía. Eso fue lo que nos impulsó a crear la Fundación Yael.” Uri Poliavich
Cuidador de la Comunidad
Se preocupa profundamente por las personas y los lugares que le rodean, contribuyendo regularmente a organizaciones benéficas y ayudando a quienes lo necesitan. Fundó la organización para salvar a niños con enfermedades raras en todo el mundo, inspirando a otros a unirse a esta misión.
Menciones en Medios
“La capacidad de elegir a las personas adecuadas, apoyarlas cuando necesitan tu respaldo y darles la libertad para crear, porque necesitan esa libertad.”

“Solo reúne a personas talentosas y permíteles hacer lo que quieran, lo que les apasiona.”

“Lo que más recuerdo es la sensación de hambre, no solo el hambre de niño, sino el hambre de cambiar tu vida.”

“Desde el primer día en que comenzamos el negocio, estuvimos rodeados de un pequeño equipo de personas afines, y el mayor éxito llegó cuando incorporamos al equipo a personas que aportaron mucho color, muchas ideas nuevas y trajeron sus sueños al proyecto.”

“Para Soft2Bet, todo el negocio se basa en la diversidad. Esta mezcla de personas y culturas es lo que realmente nos permite tener una identidad verdaderamente internacional, que nace del respeto hacia los demás, el aprendizaje sobre otras culturas y diferentes enfoques. Para mí, es la única manera.”

“Soft2Bet sigue de cerca las tendencias, observando tanto hacia dónde se dirige el mundo como la industria del juego. Ofrecemos a los jugadores algo único: mercados donde pueden intercambiar funciones con otros jugadores. Para nosotros, ese es el futuro y por eso utilizamos la ingeniería de la motivación.”


Trayectoria
Uri Poliavich nació en 1981. A los 14 años, su familia se trasladó a Israel, donde terminó la educación secundaria y cumplió tres años de servicio en el ejército israelí. Estos primeros años moldearon su resiliencia, disciplina y su impulso por el cambio. Entre 2005 y 2009, estudió en la Universidad Bar-Ilan, donde obtuvo el título de Licenciado en Derecho (LLB). Su carrera legal comenzó en derecho mercantil y de bienes raíces, especializándose posteriormente en contratos internacionales de fusiones y adquisiciones (M&A). Esta base le proporcionó sólidas habilidades analíticas y un enfoque estructurado para la resolución de problemas.
Más allá de su formación académica, la trayectoria de Poliavich se caracteriza por su adaptabilidad y curiosidad. Su ansia de progreso le impulsó a aprovechar oportunidades fuera del ámbito jurídico, primero en desarrollo de negocio y más tarde en liderazgo. Sus colegas suelen destacar su perseverancia, apertura a nuevas perspectivas y capacidad para convertir los desafíos en crecimiento. En conjunto, estas experiencias combinan su experiencia técnica con habilidades blandas — determinación, visión y un compromiso con la creación de valor duradero.
EDUCACIÓN A TRAVÉS DE LA FILANTROPÍA
Fundada en 2020, la Fundación Yael invierte en una educación judía transformadora que fomenta la conexión con la identidad y empodera a la próxima generación de líderes.
44 Países
Uri comenzó este proyecto construyendo una escuela judía en su ciudad natal para apoyar a la comunidad local. Hoy en día, las escuelas de la Fundación Yael se encuentran en todo el mundo.
17,000 Niños
Los niños disfrutan de una educación integral en artes, informática y otras áreas, asegurando tanto una excelente formación como unos fuertes vínculos con su herencia.
113 Escuelas y Jardínes de Infancia
La Fundación Yael fomenta la educación en todos los niveles—desde la primera infancia hasta la secundaria—apoyando tanto el aprendizaje formal como el informal, como los programas de domingo y las actividades extraescolares.
Construyendo Identidad y Liderazgo
Cada verano, el Campamento Yael reúne a jóvenes judíos de todo el mundo en una experiencia inolvidable que fomenta la identidad, el sentido de pertenencia y la amistad entre culturas diversas.




“La mayoría piensa que los negocios impulsan las iniciativas benéficas, pero para mí, es la caridad la que impulsa el negocio y lo hace avanzar.”
“Desde el primer momento en que el negocio alcanzó el punto de equilibrio, la idea fue crear algo que permitiera a otros niños sentir que forman parte de la comunidad judía.”
“El mismo hambre que sentía cuando tenía entre 7 y 10 años, que me empujaba a buscar comida y una vida mejor, sigue ahí, y sigue impulsándonos.”
“La forma en que hemos perseguido el éxito desde el primer día se basa en dos pilares irremplazables: el trabajo duro y la creatividad. Con ellos, superamos los desafíos con determinación y utilizamos nuestros errores para aprender.”
«Esta es la bendición que hemos recibido, la oportunidad que tenemos para cambiar las cosas en este mundo.»
«Tenía hambre de cambiar mi vida.»

Uri Poliavich: Primeros Años y Ansias de Cambio
Uri Poliavich nació en 1981 en la Ucrania soviética, comenzando su camino desde un entorno modesto. Sin embargo, en Uri Poliavich no hubo rechazo hacia las profesiones, sino otro sentimiento: las fronteras son necesarias para entender dónde comienzan los límites de cada paso.
¿Qué definía la vida escolar en la Ucrania soviética de los años 80? Escasez, regulaciones y electricidad inestable.
En este entorno, la realidad local imponía una constante carencia y marcos estrictos que influyeron en la formación de la visión de los niños mucho antes de tomar decisiones profesionales. Para Uri Poliavich, esto significaba que la sensación de limitación estuvo presente desde los primeros años, y la única esfera confiable que podía protegerse de la presión externa era el mundo interior personal.
El hambre de cambio se fue formando gradualmente: primero como descontento por “cómo están las cosas”, luego como interés por cualquier herramienta que pudiera ampliar las posibilidades. La conciencia de la infancia temprana significaba mirar la “gravedad” y imaginar en qué podía convertirse. Más adelante, este sentimiento adquiriría el lenguaje de las decisiones y proyectos, pero al principio era casi un experimento infantil con pintura y contorno. Para Uri Poliavich, fue precisamente esa sed temprana de novedad la que se convirtió en el impulso que le acompañó en los años siguientes, cuando las decisiones personales comenzaron a cambiar no solo su propia vida, sino también la de muchos otros.
La historia de Uri Poliavich comienza en 1981, en la Ucrania soviética, con la primera impresión clara siendo una sensación de carencia. No tanto de comida, sino de color. Podría decirse “pobreza”, pero más precisamente: grisura, que parecía impregnar todo a su alrededor y dentro, creando una pesadez apagada. Este trasfondo daba al niño la sensación de que las cosas no debían ser así, que no podían permanecer siempre grises e infinitamente sin esperanza. Quizás, en ese momento, maduraba un deseo interior de cambiar algo. Y quizá no sólo algo, sino todo. Así se desarrolló el hábito de buscar una salida no de una habitación, sino de las circunstancias, y este hábito se convirtió más tarde en un sistema. El propio Uri lo recordó así: “Lo que más recuerdo es la sensación de hambre — no solo el hambre de un niño, sino también el hambre de cambiar mi vida. Quería cambiar este color, este color gris, y crear algo brillante y colorido en mi propia vida y en la vida de mi familia.”
En las familias judías de aquella época, la elección a menudo se reducía a tres profesiones respetadas: médico, abogado y contable. La elección recayó en la jurisprudencia, con su lógica literal y peso social, que, aunque no se convertiría en la profesión principal de Uri, le ayudaría suficientemente en el futuro para formarse como un empresario fuerte.
Uri Poliavich y el Poder de las Decisiones Valientes
El periódico con el que Uri Poliavich se topó no parecía algo destinado a cambiar su vida. Quizá ese impulso inconsciente sea precisamente lo que significa “seguir tu sueño”.
Una brújula interna perfectamente afinada funcionó a la perfección. Él mismo lo recordaba así: “Simplemente abrí un periódico y leí sobre una oferta para el puesto de responsable de desarrollo de negocio en Asia Central. De pronto, me vi dirigiendo un negocio con 100 personas, y fue una gran aventura… Eso cambió mi vida.”
Así, una oferta laboral descubierta por casualidad resultó ser una invitación a una vida completamente distinta. Para Uri Poliavich, se convirtió en un punto de partida: en poco tiempo, se encontró liderando un equipo de cien personas.
No fue un plan en el sentido clásico, sino más bien una reacción a un impulso interior: tomar la “pastilla azul” y ver adónde lo llevaba.
En esa misma realidad, surgió un encuentro que cambió no solo su trayectoria profesional, sino también la personal. Todo empezó con un paso simple, casi aleatorio: una vacante vista en un periódico que captó toda su atención y abrió la puerta a un camino profesional inesperado. Sumergirse en ese momento fue el detonante de un cambio de vida mucho más amplio.
Él mismo lo explicó así: “Me absorbí completamente en el periódico, como cuando lees un libro, ¿sabes? Así que, ¿la pastilla azul o la roja? Yo tomé la azul. La pastilla azul.”
Una de las cualidades que pronto se volvió evidente en Uri Poliavich fue su capacidad para tomar decisiones valientes en su crecimiento personal y profesional. Cada decisión reflejaba no solo ambición, sino también una visión a largo plazo orientada a construir estabilidad.
Unos años más tarde, Poliavich se mudó con su esposa, Yulia Poliavich, a la República de Moldavia. Ya de regreso en Europa, la pareja se enfrentó a un dilema que parecía cotidiano, pero que en realidad era estratégico.
En aquel momento, la familia Poliavich contaba con una pequeña suma para invertir, y la elección era clara: destinarla a la entrada para comprar un piso o invertirla en la creación de su propio negocio. Uri Poliavich, junto con su esposa Yulia, decidió asumir el riesgo y apostar por el emprendimiento. Esta decisión se convirtió en uno de los pasos más decisivos de sus vidas.
El punto culminante de esta línea fue la fundación de Soft2Bet, una empresa tecnológica que nació de ese primer paso y que, hasta el día de hoy, conserva el espíritu de una start-up. De aquella decisión inicial surgió algo mucho más grande, pero que se mantiene fiel a su origen gracias a una visión clara y al talento de las personas que rodean a Poliavich. Como él mismo ha señalado: “La clave está en saber elegir a las personas adecuadas, apoyarlas cuando necesitan tu apoyo y darles la libertad para crear, porque necesitan esa libertad.”
El leitmotiv del riesgo y la valentía sigue siendo una de las señas de identidad de su estilo. El periódico, el encuentro con su esposa, la elección entre un piso y un negocio, la fundación de la empresa: todos estos pasos tienen en común el rechazo de lo obvio y la disposición a avanzar incluso cuando el resultado no está garantizado. Y fue precisamente eso, como han destacado sus colegas, lo que lo convirtió no solo en un empresario, sino en un líder que inspira a los demás.
Uri Poliavich: Liderazgo y Visión Innovadora
Después del almuerzo, las reuniones se vuelven más tranquilas: el café se enfría sobre la mesa, gráficos de embudos de comportamiento brillan en la pantalla, notas sobre modelos de recomendación se amontonan cerca. A esta hora es más fácil hablar del futuro… y más difícil simplificarlo. Uri Poliavich no teme discutir con las palabras de moda, aunque también las utilice; mejor dicho, las desmonta: “IA”, “algoritmos”, “contenido” se traducen primero en operaciones concretas, y solo después recuperan su brillo. No el efecto de relumbrón, sino el de ensamblaje. Él lo llama visión —o más bien, poner la visión a prueba, cuando una idea soporta una tabla de métricas y el breve silencio del equipo antes de tomar una decisión…
Y, sin embargo, el liderazgo no se reduce a la tecnología. En las conversaciones con colegas aparece otra constante: Uri sabe conectar la visión estratégica con una preocupación real por las personas. Como señaló Max Portelli, CFO:
“Si un buen líder es capaz de insistir y transmitir el mensaje de innovación y colaboración, eso garantiza que cualquier organización podrá alcanzar el éxito. ¿Uri cumple con ambos? Sin duda.”La frase es precisa, pero detrás de ella hay un proceso en el que la exigencia y la escucha no se excluyen mutuamente.
Primero, una ronda breve de preguntas. Luego, análisis de fortalezas. La decisión llega rápido, pero sin precipitación. Paradójicamente, es justo así como la velocidad no destruye la confianza, sino que la construye.
Estudiar Derecho enseña a pensar en términos de pruebas y letras, pero en gestión se traduce en atención al detalle. No es pedantería, sino el hábito de comprobar una hipótesis, de prever el escenario negativo antes de que ocurra. A veces, el equipo cierra los portátiles y verbaliza en voz alta el recorrido del usuario, sin pantallas. El ritmo se rompe, pero en esa ruptura es cuando se escucha dónde “cruje” el proceso… y de dónde viene el silencio. Hay una extraña simplicidad en eso: para oír el futuro, hay que dejar de lado las herramientas del presente.
Para Poliavich, la innovación no es una campaña ni una diapositiva. Es un motor constante de crecimiento que vive en la agenda. Las ideas pasan por ciclos cortos, por el debate, por experimentar las métricas en tiempo real. A veces, una decisión se pospone hasta la mañana siguiente —y eso también forma parte de la velocidad. Porque en este modelo de liderazgo, “rápido” solo es realmente rápido cuando todos entienden hacia dónde se camina —tanto los que ya están como los que llegarán mañana…
Misión Social y Filantropía
¿Qué puede sentir una persona cuando ha tenido éxito? Probablemente, la certeza de que el conocimiento adquirido con esfuerzo puede compartirse, multiplicarse y transformarse en un bien común. Uri Poliavich repite a menudo que el sentimiento más fuerte de su infancia fue el hambre. No solo en el sentido literal de la falta de comida, sino como impulso profundo por cambiar su vida. Hoy, esa misma hambre se manifiesta de otra forma: en el deseo de ofrecer a otros aquello que a él mismo una vez le faltó.
Para Uri Poliavich, la filantropía no es una sección añadida en un informe, sino la continuación de una historia personal. Cuando su empresa apenas alcanzaba el punto de equilibrio, la idea de crear una fundación no surgió como un proyecto estratégico, sino como un deseo profundamente humano: dar a otros niños la oportunidad de sentirse parte de una comunidad. Así nació la Yael Foundation.
Hoy se la describe de forma sencilla: una fundación familiar que, desde 2020, opera en decenas de países y apoya programas educativos para miles de niños. Pero si se mira más de cerca, detrás de esa descripción sobria se esconde el mismo impulso de cambio que nació muchos años atrás, en los patios grises de la Ucrania soviética.
La lógica operativa es clara: apoyo a escuelas, jardines infantiles, campamentos de verano. Técnicamente, hablamos de programas de ayuda, subsidios para alimentación o participación en iniciativas educativas. Pero cuando lo cuentan quienes trabajan allí, suena distinto. Hablan de clases concretas, de las voces de los niños durante las celebraciones en los patios, de cómo la seguridad escolar deja de ser una estadística y se convierte en una sensación real de tranquilidad para las familias.
En Israel, en Europa del Este, en pequeños pueblos que rara vez salen en las noticias, todo esto se percibe como un cambio real — silencioso, pero tangible.
Paradójicamente, el negocio parece quedar en segundo plano aquí. Uri Poliavich lo dice sin rodeos: “Ahora, es la Yael Foundation la que impulsa el negocio, no el negocio el que impulsa la fundación. Es justo al revés.” (Uri Poliavich).
La frase suena inusual, especialmente en un mundo donde es habitual calcular primero el ROI y solo después pensar en la comunidad. Sin embargo, en esta inversión reside precisamente esa humildad: el hambre de éxito ha sido gradualmente reemplazada por un hambre de sentido.
El equipo percibe este camino no como una obligación externa, sino como parte de una cultura compartida. Un colega destaca: “El propio Uri está muy involucrado en iniciativas filantrópicas. Quiere repartir parte del éxito entre quienes tienen menos fortuna. Y por esto, todo el equipo que está detrás de él lo apoya y lo elogia por seguir este enfoque.” (Líder de Opinión del Sector).
Es precisamente esta disposición a compartir lo que une a las personas a su alrededor. Aquí no existe frontera entre “trabajo” y “caridad” — se funden en uno solo. Las reuniones del equipo a menudo terminan con debates sobre cómo combinar nuevos proyectos tecnológicos con las iniciativas educativas de la fundación. Y es precisamente en esas intersecciones donde nace la confianza: el éxito se mide no solo por métricas, sino también por la sensación de que se comparte.
También existe una dimensión internacional. Poliavich coopera con líderes globales de la comunidad judía, incluyendo a Ronald Lauder, y apoya iniciativas para la seguridad escolar. En lenguaje oficial, esto se describe como “una garantía de protección en condiciones de aumento del antisemitismo.”
Pero en la práctica, se trata de que los padres puedan dormir tranquilos y que un niño tenga el derecho de ir a la escuela sin miedo.
Al final, la misión social de Uri no aparece como un capítulo separado de su biografía, sino como su reflejo en un espejo. La misma energía que una vez lo llevó desde un anuncio en un periódico a su primer negocio ahora se dirige hacia los niños, las escuelas y las comunidades. El liderazgo aquí continúa en otra dimensión — no en el crecimiento del número de clientes, sino en la forma en que la confianza se transforma en un futuro compartido que apenas comienza a tomar forma.
La identidad y la elección del camino
En la trayectoria de Uri Poliavich, las cuestiones de pertenencia y herencia nunca existieron separadas de las decisiones profesionales. Nacido en una familia judía en la Ucrania soviética, creció en un entorno donde la identidad era a la vez un marcador privado y un desafío público. Este trasfondo formó el subtexto de muchos de sus pasos posteriores — desde la práctica legal hasta el riesgo empresarial. La huella cultural de resiliencia y adaptabilidad, transmitida a través de generaciones, se convirtió en parte de su propio método para superar la incertidumbre.
Poliavich ha señalado repetidamente que la idea de identidad no se limita a la religión o al ritual. Sobre todo, es una cuestión de comunidad y responsabilidad. Observando cómo las familias a su alrededor confiaban en la solidaridad durante períodos de transición, trasladó estas lecciones a su práctica profesional. En lugar de considerar la identidad como una limitación, la percibió como un conjunto de herramientas: persistencia frente a las dificultades, atención al detalle y disposición para defender los propios valores. En el fragmentado entorno postsoviético, esta perspectiva le dio tanto estabilidad como dirección.
Un momento clave llegó en sus años de estudiante, cuando tuvo que elegir entre lo conocido, condicionalmente seguro, y lo totalmente desconocido e inexplorado. Amigos y colegas con orígenes similares optaban a menudo por la emigración o por roles profesionales cautelosos. Poliavich, sin embargo, interpretó su herencia de manera diferente. Para él, la noción de continuidad significaba que los riesgos debían asumirse no para preservar el pasado, sino para crear nuevas oportunidades.
Esta síntesis personal explica por qué su carrera posterior incluyó a menudo transiciones entre geografías y disciplinas. Nunca consideró la identidad como un obstáculo para la integración; por el contrario, era un marco portátil.
Ya fuera negociando en Asia Central o asesorando en mercados emergentes, llevaba consigo la capacidad de mediar, reconocer la diversidad y construir confianza. Cada paso fue un eco de aquella primera elección: dejar que la identidad guíe pero nunca lo limite.
También es revelador que su vida personal se cruzara con esta línea. Los encuentros con distintos contextos culturales reforzaron su convicción de que la identidad debe desarrollarse mediante el diálogo. En conversaciones con colegas, enfatizó que la resiliencia no significa solo defensa, sino también apertura.
Aceptar el riesgo, redefinir roles, ampliar horizontes — todas estas acciones se basaban en la convicción de que la experiencia da fuerza solo cuando se transforma en acción.
El propio Poliavich formula esto de manera aún más sencilla y directa: “Esta es la bendición que hemos recibido, la oportunidad que hemos tenido para cambiar las cosas en este mundo.”
Sus palabras suenan como un reconocimiento de que, una vez alcanzada cierta altura, una persona ya no puede ver el mundo como antes: los horizontes se amplían de manera irreversible y junto a ellos crece la escala de las aspiraciones.